Orgullo LGBTI

Durante muchos años hemos venido celebrando en todo el mundo el Día del Orgullo LGBTI como espacio de empoderamiento de una población históricamente estigmatizada. ¿Por qué un Pride u Orgullo? Debemos recordar que hasta hace menos de 50 años las personas Lesbianas, Gais, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales sólo podíamos ser libres en espacios cerrados sin hacer tambalear los cimientos de la heteronormatividad y la doble moral de aquel patriarcado que reprimía y exorcizaba lo diferente. Sería el sangriento altercado en Stonewall el detonante para que las primeras activistas del movimiento LGBT, precisamente mujeres Trans*, se alzaran en favor del camino de la consecución de derechos, los derechos humanos de todos y de todas. Es por este motivo por el que el 28 de junio se ha instaurado como un día de conmemoración a todas nuestras compañeras y compañeros que lucharon por vivir en libertad y para todos y todas las que nunca pudieron hacerlo. Es por ello que celebramos el Orgullo y nos sentimos orgullosos de poder continuar esta conquista de derechos.

Si bien es cierto, el movimiento LGBTI se gestó en EEUU a finales de los 60’s, este no tardaría en extenderse a todas las latitudes del planeta. Recordemos que hasta 1974 España se encontraba bajo la dictadura de Franco. No existían garantías para la seguridad de personas LGBTI, es más, España tuvo dos leyes que deshumanizaban a las personas no binarias. Con la ley de peligrosidad social y la ley de vagos y maleantes, cientos de personas LGBTI fueron encarceladas y desaparecidas, una hecho que nos duele y avergüenza como sociedad. Sería en esta España de la transición cuando un grupo de personas valiente, una vez más, encabezado por mujeres Trans*, tomaron las calles para una manifestación pacífica, pequeña pero muy sentida que recorrió desde la plaza de Callao hasta la Puerta de Sol de Madrid. Ese 28J de 1982 marcaría el comienzo de toda una dialéctica pro derechos en defensa de la dignidad de las personas LGBTI de los que vinimos en generaciones futuras y en recuerdo de aquellas que tuvieron que pagar nuestra libertad con sus vidas.

Hagamos un paréntesis en esta contextualización del Orgullo para explicar por qué fueron y son las mujeres Trans* las que históricamente han encabezado las reivindicaciones sociales. Dentro de la sociología del movimiento LGBTI, las escalas de mayor o menos prestigio están impregnadas también del patriarcado. Una mujer Trans*, por tanto, es aquella que renuncia a un género de mayor prestigio, el masculino, para vivir en su sexo sentido, el femenino. Este proceso está cargado de juicios sociales que estigmatizan y condenan. Son las mujeres Trans* una suerte de revoluciones del sistema en sí mismas lo que facilita que se alcen ante el opresor y no teman por la defensa de sus derechos. En una sociedad que les ha negado todo, no tienen nada que perder y sí mucho que ganar… conquistar su espacio en la sociedad.
El Orgullo no es una fiesta, no es risas, no es carnaval ni tampoco es desenfreno. Orgullo es poder respirar profundo y presentarnos al mundo con la cabeza erguida sintiendo la brisa del mar limpia y fresca, sin vergüenza ni miedo de vivir en una sociedad donde también formamos parte. El camino recorrido hasta ahora ha sido duro pero podemos contar con la complicidad de la Administración Pública que se muestra receptiva en apoyar estas reivindicaciones. Nuestro compromiso como activistas LGBTI es seguir conquistando aquella igualdad social que no se cambia con una ley sino que se conquista en la calle con la normalización de los modelos de familias, la diversidad de convivencias de los géneros en nuestra sociedad, hablando sin rubores de niños con vulva y niñas con pene, pudiendo ser respetuosos con las distintas performatividades de las sexualidades fluidas y diversas, en resumen un espacio donde toda la sociedad pueda aprehender más y mejor de Orientación Sexual e Identidad de Género porque nosotros y nosotras no vivimos en un mundo arcoíris, nosotras vivimos en sociedad, plural, intercultural, diversa y aspiramos a ayudar a que sea también respetuosa, amable y dialogante desde una perspectiva de derechos humanos.